La práctica totalidad de los aproximadamente 57 millones de habitantes de Italia usan el italiano, al menos a la hora de resolver gestiones diversas. Es lengua oficial en Suiza, que cuenta con 300.000 hablantes en los cantones de Ticino y Graubünden, así como en la Unión Europea. 

Eslovenia y Croacia acogen desde hace mucho tiempo comunidades de origen veneciano en Istria y Dalmacia (aprox. 300.000 habitantes). En Malta, el italiano llegó a convertirse en la lengua de la cultura y de la administración. La expansión colonial del siglo XIX fue la responsable de que el italiano se convirtiese en la segunda lengua más importante de Eritrea, donde también prosperó un auténtico pidgin. 

En el resto de los casos, la presencia de comunidades italianas es el resultado de un proceso de emigración: si bien la expansión del italiano fuera de Europa no puede compararse con la española, la portuguesa o la francesa, existen minorías italianas significativas en Estados Unidos (aprox. 4.000.000), Argentina (aprox. 1.500.000) y Brasil (aprox. 500.000), los destinos preferidos antes de la Primera Guerra Mundial, así como en Canadá y Australia (aprox. 500.000 en cada país). Con la excepción de una minoría culta, la lengua de estas comunidades de emigrados es generalmente su dialecto nativo o una coiné dialectal originada en el país de llegada y que se ha visto influida, en mayor o menor grado, por la lengua local. En Argentina, el continuum lingüístico híbrido entre español e italiano recibe el nombre de cocoliche

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